Muriendo de calor en Yazd, Irán | Viajando con Fran

Muriendo de calor en Yazd, Irán

Llegamos a Yazd desde la ciudad de Shiraz. Agustín, mi amigo argentino que había conocido en Estambul y que venía viajando conmigo por 2 meses nos había recomendado ir. Para Ana, la española amiga de Agustín, y para mí todo era nuevo así que no opinábamos. Todo nos parecía increíble.

Yazd fue el único lugar en las 3 semanas que estuvimos en Irán que no nos alojamos con locales. Bajamos del último auto que nos había levantado en la ruta y el calor era insoportable. Estábamos en el centro de la ciudad y el aire parecía quemar. Eran las 7 de la tarde y hacían 42*.

Caminamos hasta el hostel y no tenían lugar para 3 personas, solo había dos lugares disponibles. Fuimos a otro que estaba muy cerca y solo tenían para uno, así que nos dividimos. Los chicos se fueron por un lado y yo me fui al otro.

Después de unas horas de limpieza y relax, salimos a dar una vuelta y a comer con un iraní que yo había conocido en mi hostel. Muy buena onda, hablaba inglés muy bien así que pudimos charlar de todo un poco.

A la mañana siguiente me levanté temprano a desayunar y volví a acostarme un rato. El calor insoportable ya empezaba a notarse. Por suerte mi habitación estaba en un subsuelo y se mantenía fresca.

Me levanté cerca del mediodía y la temperatura ya rondaba los 40*.

Yazd era mucho más chico que la mayoría de los lugares que habíamos visitado antes. Era muy pintoresca pero me dio la impresión de que era muy turística. No sé si fue porque era la primera ciudad en la que nos alojábamos en algún establecimiento turístico o porque era más chica que el resto de las ciudades pero me dio la sensación de que había más extranjeros.

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La calle de los hostels parecía la típica calle de pueblo semi desértico. Muy tranquilo pero con muchas agencias que vendían tours.

Había agencias vendiendo tours por todos lados. Los tours se veían interesantes pero escapaban de nuestro presupuesto de menos de 10 usd diarios en todo concepto. Por ahí vuelvo en el futuro con más dinero.

Estuvimos casi toda la tarde tirados en las alfombras del hostel de los chicos. Yo aproveché el wifi para trabajar un poco y cerca de las 6 pm uno de los chicos que estaba en el hostel propuso ir a visitar las Torres del Silencio, una de las atracciones más importantes de Yazd.

Eran unas construcciones en la cima de unas colinas que usaban los miembros de la religión zoroástrica (la más antigua en Irán) para llevar los cadáveres humanos. Ellos consideraban que los cadáveres eran impuros y que contaminaban el suelo si se los enterraba y el aire si se los quemaba, entonces tenían otra técnica. Los dejaban en la cima de la colina para que los buitres se comieran toda la carne y dejaran los huesos limpios.

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La vista desde arriba de todo.

Una vez que quedaban blancos se lanzaban a un agujero central en la cima de todo.

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Terminamos dos alemanes, un  holandés, Agustín, Ana y yo en un taxi todos apretados yendo hacia las afueras de la ciudad.

No sé quién había leído que se podía entrar por atrás sin pagar entrada o no me acuerdo si fue el mismo taxista que nos dijo eso. La cuestión es que un par quisieron hacerlo y cuando nosotros que íbamos más atrás estábamos por intentarlo vinieron a buscarnos y nos llevaron a la entrada. Fue un momento un poco tenso porque en Irán no se juega con las reglas. La gente era alucinante pero el sistema era complicado.

Visitamos las torres, fuimos hasta arriba de todo y vimos el atardecer desde arriba. Pero mientras el sol bajaba se acercaba la hora de cierre del lugar y tuvimos que salir y volver a la ciudad. En la entrada había un policía/seguridad con una picana y jugaba activándola cada tanto. Por un momento creímos que si no nos portábamos bien nos iba a dar electricidad. Si su intención era asustarnos, lo logró. Aunque después nos reíamos de la situación.

El taxista a la vuelta nos quería cobrar de más. Peleamos, negociamos, peleamos, discutimos, nos estábamos por ir hasta que entró en razón y nos terminó llevando. Se había enojado con uno de los chicos pero en el camino se le pasó.

Al día siguiente arrancamos tarde como siempre.

Fuimos a la mezquita que estaba cerca del hostel y entramos por el costado para no pagar. Agustín había estado el año anterior en Yazd y recordaba todos los detalles.

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Las alfombras eran increíbles!

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Y los trabajos en las paredes, uff… una pasada.

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Y los techos, bueno, acá tienen dos ejemplos para que me den su opinión.

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Y? Qué tal?

Después de dar una vueltas, nos perdimos caminando por las callecitas de Old Town. Entre sus casitas de paja y adobe y sus pintorescas puertas.

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Probamos tocar una de las puertas pensando que nadie iba a contestar y cuando escuchamos que alguien estaba por abrir salimos corriendo como unos niños.

Seguimos explorando sin rumbo fijo y entramos a una mezquita que nos cruzamos en la calle. Y vaya qué sorpresa nos llevamos.

En realidad no era una mezquita, era una shrine. Un mausoleo. Y no tenía nada que envidiarle a las de Shiraz que habíamos visitado días antes.

Era puro espejo por todos lados. Una locura!

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Me hubiera podido quedar todo el día admirando las paredes y el techo. Además adentro estaba re fresco, sobre todo comparado con el calor agobiante que había afuera.

Los hombres estaban tirados durmiendo adentro para que se den una idea.

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Espejos por todos lados y los hombres refugiándose del calor.

De ahí volvimos al hostel a “escondernos” del calor. Estaba insoportable.

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En el camino pasamos por semejante obra de arte.

Más tarde salimos a comer pollo y volvimos a dormir.

Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos y salimos a la ruta. Nuestro destino era la mega ciudad de Teherán, a tan solo 630 kms.

Los dos días que estuvimos en Yazd fueron más de descanso que de otra cosa. Fue el único lugar en el que pagamos alojamiento y disfrutamos de las comodidades y la libertad de estar en un hotel/hostel.

No visitamos mucho pero nos vino muy bien para descansar un poco.

Después de subirnos a una camioneta y 6 autos finalmente llegamos a la capital de Irán. El último conductor, con el que entramos a la ciudad no aceptaba que no fuéramos a comer y a dormir a su casa. Le explicamos que no podíamos, que al día siguiente nos teníamos que ir al aeropuerto y que ya teníamos reservado un hostel pero no había forma que nos dejara ir. Hasta que se resignó y nos dejó cerca de una parada de metro.

En Teherán estuvimos un día y no vimos mucho. Nuestra experiencia recorriendo Irán haciendo autostop por 3 semanas había sido alucinante y no la queríamos opacar con las cosas típicas de una mega ciudad que a ninguno de los 3 nos gustaban.

Irán fue una experiencia increíble para nosotros. Fundamentalmente por la hospitalidad de su gente que va más allá de lo que cualquier mente occidental puede imaginar.

Mi espíritu emprendedor y mis ganas de conocer de mundo me llevaron a dejar atrás la vida de oficina y perseguir el sueño de convertirme en nómada digital. Siempre estoy buscando nuevas oportunidades, no me puedo quedar quieto.

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