San Sebastián caminando de punta a punta | Viajando con Fran

San Sebastián caminando de punta a punta

Llegamos al hotel de San Sebastián pasado el mediodía. En el camino nos habíamos preparado unos excelentes sandwiches de jamón serrano y queso, así que dejamos las cosas, pedimos mapa y direcciones en el hotel, y salimos a caminar. Lo primero que preguntamos en el hotel, en realidad, fue cuál era la diferencia entre San Sebastián y Donostia. No teníamos en claro cuál era la ciudad, si alguno era la provincia, estábamos perdidos; veíamos carteles con ambos nombres, pero no sabíamos la diferencia. La chica del lobby, se río y nos explicó que Donostia es el nombre en vasco (el idioma de la región: el país vasco), y que San Sebastián era el nombre en español. Ambos significaban lo mismo!

El día estaba espectacular, así que salí en ojotas, con la esperanza de caminar “en pata” por la playa.

En unas horas, cambiamos totalmente el paisaje. Pasamos de ciudades y pueblos mediterráneos, monumentales; a un destino de playa muy cotizado. 

La ciudad se divide en 3 “grandes” zonas (cada una cno su respectiva playa):

  • Ondarreta (la zona más familiar) al oeste.
  • El centro viejo (la zona más tradicional).
  • Gros (la zona más nueva y juveniil) al este.

Desde el hotel bajamos caminando unas 5 cuadras hasta la playa y aparecimos en el límite entre la Playa de la Concha (que es la central) y la de Ondarreta. Fuimos hacia la izquierda, hacia el oeste, por los jardines de Ondarreta (al borde de la playa) y caminamos hasta la plaza del funicular. Compramos el ticket y subimos hasta el Monte Igeldo. El sistema era exactamente igual al del Cerro San Cristobal en Santiago y al Cerro Monserrate en Bogotá.

Arriba había un parque de diversiones para niños, pero lo mejor era la vista panorámica de la bahía. Sacamos fotos, bajamos, y caminamos en dirección este, hasta la otra punta.

san sebastian caminando

Había mucha gente, muchas familias jóvenes con hijos chicos y carritos de bebés. El público del lugar era notablemente más joven que el de los lugares que habíamos visitado los días anteriores.

Caminamos admirando las construcciones frente al mar, hasta que llegamos a la Plaza Padre Vinuesa, y ahí seguimos caminando por la parte vieja, por la calle San Martín hasta la Plaza del Buen Pastor. 

san sebastian caminando

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Después bajamos hasta la Plaza de Ginuzkoa donde está el consejo regional, y fuimos hasta el Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia (me hizo acordar al Colón de Buenos Aires).

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Ahí cruzamos el Puente Zurriola, caminamos un poco por la zona de Gros, y cuando estábamos volviendo al casco antiguo, al lado del moderno centro de conferencias, había una feria de food trucks sobre la costanera. Había comidas típicas de distintos países del mundo, elegimos un bocadillo gourmet cada uno. Hasta música en vivo había, muy bueno!

Volvimos por el puente y nos adentramos en la zona antigua. Completamente distinta al estilo más moderno del resto de la ciudad, muy lindo. Algunos edificios interesantes como la Iglesia de San Vicente, y la Plaza de la Constitución. Estaba lleno de gente.

El bocadillo había estado muy rico, pero ya teníamos hambre de nuevo, así que entramos a un bar de tapas (de “pinchos” en la zona vasca) que tenía exhibido al menos 50 variedades de tapas distintas. Elegimos 2 variedades cada uno, más unas rabas que compartimos y ahí concluyó nuestra ingesta de calorías para el día.

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Volvimos caminando por la rambla, al borde de Playa la Concha, hasta el Paseo Pío Baroja que era la calle del hotel, y después subimos las 5 cuadras.

Entre Oviedo a la mañana y San Sebastián a la tarde, hicimos más de 20 kms caminando, más de 25 mil pasos y más de 50 pisos subidos. Todo medido gracias a mi última adquisición en mi viaje a USA el mes pasado. Soy de la idea de que para mejorar cualquier cosa, primero hay que medirla. Que mejor que medir la rutina, a través de indicadores de actividad, analizar las tendencias, e ir mejorando.

Llegamos al hotel destruidos, y yo había hecho todo el trayecto en ojotas, peor. Por suerte la ducha era fantástica y nos revivió un poco. Me quedé trabajando hasta tarde, y nos levantamos temprano para salir para Vitoria. Si sigo a este ritmo tan intenso, en 15 días colapso. Se vienen viajes más lentos…

 

Mi espíritu emprendedor y mis ganas de conocer de mundo me llevaron a dejar atrás la vida de oficina y perseguir el sueño de convertirme en nómada digital. Siempre estoy buscando nuevas oportunidades, no me puedo quedar quieto.

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