La hospitalidad de los kurdos en primera persona | Viajando con Fran

La hospitalidad de los kurdos en primera persona

Nos levantamos temprano en la mañana en el medio de una plaza en la ciudad de Qazvin. Había sido nuestra primera noche en Irán y todo había salido bien. Desarmamos la carpa, fuimos a comer algo y esperamos en la plaza para encontrarnos con Ana, la chica española con la que íbamos a recorrer este curioso país por las siguientes 3 semanas.

Anita había volado directo desde España para viajar con nosotros por Irán. Ella había conocido a Agustín en un viaje por el Sudeste Asiático un año antes y yo había conocido a Agustín 45 días atrás en un hostel en Estambul. Todos viajeros, todos aventureros, decidimos explorar Irán haciendo autostop.

Como ya no teníamos tiempo de ir hasta nuestro siguiente destino, decidimos dar unas vueltas por Qazvin. No había mucho para hacer. Pero en uno de los lugares que estábamos visitando se nos acercaron dos chicos y nos ofrecieron mostrarnos un poco la ciudad. Aceptamos felices y nos llevaron a varios lugares y también me ayudaron a configurar mi sim card para poder estar comunicado en el país. Unos genios.

Volvimos a dormir. Los 3 juntos en la carpa en el medio de la plaza entre tantas otras familias que estaban de picnic en plena noche. Al día siguiente salimos a la ruta bien temprano.

Salimos de Qazvin y después de rechazar alrededor de 20 taxis y de subirnos a un auto que sólo nos llevó 1 minuto hasta una parada de taxis, nos subimos a otro auto que pareció entender mejor que estábamos haciendo autostop. Pareció entender porque a los 2 minutos le estaba poniendo precio al recorrido. Inclusive precio (desorbitante) a todo nuestro recorrido del día. Por buen dinero nos llevaba a cualquier lado el señor.

Primeros pasos en Irán haciendo autostop

Nos dejó más adelante unos minutos más tarde y volvimos a la ruta. Los taxis (que ya eran muy molestos) seguían frenando y ofreciendo llevarnos. En un momento un señor tuvo que pelearse con un taxista por “sacarle el negocio” y nos llevó hasta la salida a la ruta.

Después  de unos minutos nos subimos a un auto donde iban dos amigos kurdos que venían de festejar que habían terminado sus estudios en Teherán y habían tenido una fiesta en Rasht. El chico que manejaba justo iba al mismo lugar que nosotros: Sanandaj, la capital de la provincia del Kurdistán en Irán.

Toda la suerte.

Hicimos como 350 kms con él y como hablaba bien inglés fuimos charlando todo el viaje. Finalmente nos dejó en la plaza principal de la ciudad. No habíamos elegido la ciudad por nada en particular. Simplemente era la ciudad más grande de la zona y pensamos parar ahí antes de adentrarnos más en el Kurdistán iraní.

No había nada.

Era viernes (día religioso para los musulmanes) y en el medio de Ramadán (mes de ayuno durante las horas de sol). Todo estaba cerrado.

Pasamos por 2 ciber cafés que estaban abiertos y 1 market. Entramos a uno de los cibers y preguntamos si podíamos dejar las mochilas ahí. Nos estábamos muriendo de hambre y de sed, pero sobre todo de calor. La temperatura rozaba los 40 grados celsius y nosotros cargando 2 mochilas cada uno sin rumbo por una ciudad grande pero desierta.

En el ciber nos atendió un chico muy amable que sabía algo de inglés y que no sólo aceptó que dejáramos las mochilas, sino que nos hizo pasar a sentarnos en unos sillones y nos dejó cargar los celulares que se nos estaban quedando sin batería.

Fuimos a comprar algo al market y el chico nos dejó comer adentro del ciber. No podíamos comer afuera por Ramadán. No se puede ni tomar ni comer nada en público. Conocimos mucha gente que no lo respetaba en sus casas o cuando manejaban, pero en la calle sí. Y si bien nosotros éramos turistas, no queríamos faltar el respeto y seguíamos las reglas. Por eso tratábamos de comer adentro (cuando encontrábamos algo abierto).

En un momento, de tanta comida y bebida nos dio ganas de ir al baño. Le preguntamos al chico si podíamos ir al del ciber y nos llevó hasta el baño de un restaurant que estaba a unos 30 metros porque decía que iba a estar más limpio. Salió de su trabajo para preguntar en otro negocio si podíamos usar el baño, no podíamos creer la buena onda. Nosotros agradecidos.

Estábamos muy cansados y hacía como 35 grados así que nos quedamos un rato en el ciber.

Le pedimos al chico que nos ayudara para poder usar Facebook (en Irán está censurado y bloqueado, pero siempre hay una forma con una VPN).

Les solucionó el tema a los chicos en 2 minutos, pero lo mío no fue fácil. Como mi celular tenía el sistema operativo iOS no lo supo hacer, aunque al menos lo hizo en mi computadora y algo pude navegar. Pobre estuvo como 30 minutos para hacerlo. Le agradecí mucho porque lo necesitaba para trabajar, estaba tan feliz que le di un abrazo espontáneo que fue un poco incómodo. Realmente no sabía cómo agradecerle.

Nos quedamos charlando un rato.

Después me puse a trabajar un poco, Ana se quedó tranquila en el lugar y Agus se fue a buscar un lugar barato donde dormir.

En Irán no es tan fácil conseguir alojamiento o al menos no con los métodos tradicionales. Las alternativas no están en internet, no existe un buscador de hoteles/hostels o un buscador de departamentos como Hundredrooms que tenga todas las opciones disponibles. Las opciones no están. Si uno busca alojamiento en el país sólo aparecen algunos pocos hoteles de lujo en la capital.

Pero esto no quiere decir que no existan, sino que simplemente no están registrados en plataformas internacionales.

Al rato volvió Agus sin haber encontrado nada barato. Habíamos decidido volver a acampar (en Irán es muy fácil).

Cuando nos estábamos por ir, Saman (el chico que trabajaba en el ciber) nos dijo que había llamado a su casa y que nos quería invitar a comer y dormir con su familia. No lo podíamos creer. 

Al principio le agradecimos mucho pero no aceptamos porque nos parecía demasiado. Él insistió y nos dijo que su madre ya estaba cocinando para nosotros. Nos parecía una locura pero aceptamos porque sabíamos que iba a ser una experiencia muy interesante. Sabíamos que en países como Irán siempre teníamos que estar abiertos y decir que sí ante estas oportunidades de interacción con la cultura local. Después de todo, era lo que habíamos ido a buscar a este curioso país.

Saman cerró el ciber y se fue con nosotros. Paró un taxi en la calle y fuimos directo a su casa.

Nos atendieron como reyes. Conocimos a su mamá y a su papá y charlamos mucho de su cultura e intereses mientras cenábamos en el suelo sobre una alfombra persa tejida por la madre de Saman.

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El living de la casa donde comimos y donde terminamos durmiendo.

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La madre de Saman y su hobbie de tejer alfombras persas.

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Un cuadro “de alfombra” que había tejido la madre por 1 año y que tenía más de 500 colores.

Fue un festín de comida, no paraban de traer cosas y nosotros (bastante muertos de hambre) nos comimos todo. Fue un espectáculo, no entendíamos cómo habíamos llegado ahí. Podríamos haber entrado a otro ciber o a otro negocio. Pero bueno, las cosas pasan por algo dicen. Y así terminamos compartiendo una linda noche con nuestro amigo Saman y su familia.

Después de comer Saman no quería que nuestro intercambio se terminara y nos invitó a un parque conocido de la ciudad. Nosotros aceptamos. Nos subimos al auto con él y nos llevó a apreciar una vista panorámica de la ciudad muy imponente. Comimos unas frutas que la madre nos había dado antes de salir de la casa y los chicos fumaron narguila.

vistasanandajiran hospitalidad kurdos

Estuvimos ahí un rato y a la vuelta nos agarró un tráfico muy intenso. Tardamos como 1 hora en llegar a su casa pero fuimos conversando todo el tiempo aprendiendo de la cultura iraní pero también del pueblo kurdo.

Terminamos durmiendo sobre las alfombras persas que eran un lujo.

Nos trataron como reyes. Saman fue muy pero muy atento en todo momento. No nos dejó pagar nada de nada.

“You´re my guest” – repetía todo el tiempo. Su inglés no era tan bueno, pero nos entendíamos perfectamente.

Al día siguiente nos despedimos de él y su familia y seguimos nuestro recorrido basados en las recomendaciones de ellos y sus lugares preferidos para visitar en la provincia del Kurdistán en Irán.

Nos esperaban más historias como esta. De un nivel de hospitalidad y apertura difícil de comprender para la mentalidad occidental.

Este es un post patrocinado. Significa que he recibido una retribución económica o un servicio a cambio mencionar la marca en el artículo. Mis experiencias y opiniones son absolutamente independientes. Todos los posts patrocinados están especificados como tal y me ayudan a seguir adelante con el proyecto de convertirme en nómada digital.

Mi espíritu emprendedor y mis ganas de conocer de mundo me llevaron a dejar atrás la vida de oficina y perseguir el sueño de convertirme en nómada digital. Siempre estoy buscando nuevas oportunidades, no me puedo quedar quieto.

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6 Responses to La hospitalidad de los kurdos en primera persona

  1. Un tal Agustín 9 diciembre, 2016 at 10:52 am #

    No contaste que te comiste todo el pollo!! Jajaja

    • Francisco Ortiz 9 diciembre, 2016 at 3:28 pm #

      jajaja no era necesario ese detalle, no sumaba a la descripción de la experiencia jaja además, si no recuerdo mal vos no te quedaste atrás jaja éramos unos muertos de hambre…
      Saludos hasta China!!

    • Anita...."la chica española" 19 diciembre, 2016 at 1:46 am #

      jajajajajaja peleando hasta por blogs 😛 Se os echa de menos!!
      Y que conste que yo era la unica decente que se comportaba en la mesa y no se zampaba todo lo que se le venia por delante.

      • Francisco Ortiz 19 diciembre, 2016 at 8:25 am #

        jajaja Anitaaaa!!! Nos hemos juntado de nuevo aunque sea virtualmente!! Oiii te extraño, ya te voy a ir a visitar, dame unos meses y me aparezco en tu trabajo jaja
        Saludos a la distancia!

  2. saman aslani 18 diciembre, 2016 at 8:05 pm #

    I’m Saman
    I’m glad that I found good friends such as Francis Augustine and Anna.
    My family and I’ll be happy to host tourists.

    saman.aslani1992@yahoo.com

    • Francisco Ortiz 18 diciembre, 2016 at 8:49 pm #

      Ahí lo tienen, el Gran Saman en primera persona. Tradujo el artículo y quiere conectarse con viajeros para compartir su cultura.

      Creo que no tengo que agregar nada más.

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