Mucho por fuera, poco por dentro en Baku | Viajando con Fran

Mucho por fuera, poco por dentro en Baku

crucefronteraazerbaiyangeorgiaDespués de estar varios días parado en Tbilisi (Georgia), con un terrible dolor de garganta, finalmente emprendí camino hacia Azerbaiyán. Más precisamente a su capital, la moderna ciudad de Baku. Me había cansado de estar encerrado en el hostel. Decidí adelantar camino para cambiar de aires, y esperar a mi compañero de rutas de ese momento, ya en Azerbaiyán.

Agustín se había quedado recorriendo Armenia, y todavía tenía que cruzar a Georgia, para después ir hacia Azerbaiyán. Todo ese lío porque la frontera entre Armenia y Azerbaiyán estaba cerrada por el eterno conflicto sobre el territorio de Nagorno Karabaj. Yo necesitaba moverme, necesitaba seguir. Así que decidí esperarlo en Baku.

Desde Tbilisi me tomé un mini bus a la frontera. Uno de los chicos azeríes que estaba viviendo el hostel (eran varios que estudiaban en Tbilisi) me acompañó a cambiar dinero para tener algo en moneda de Azerbaiyán y después me acompañó hasta el mini bus.

Ni un turista había. Ellos me habían dicho que era la forma más barata de llegar a Baku y yo les hice caso. Después de todo, ellos hacían el mismo recorrido una vez por mes. No tenía ganas de hacer autostop solo y con semejante dolor de garganta. Hacía días que no comía bien y no quería esperar en la ruta solo. Todavía estaba débil.

En la frontera misma me iba a encontrar con otro de los chicos azeríes que estaban parando en el hostel. Él había ido en taxi con sus amigos hasta la frontera y el plan era tomar el bus juntos hasta Baku.

Tbilisi, la capital de un país que explota!

Nunca lo encontré, no tenía cómo comunicarme con él, y no tenía sentido esperar. Crucé la frontera, busqué un bus que fuera a Baku y me subí.

Una hora hasta la frontera, seis horas hasta Baku.

Pero el cruce de frontera no fue fácil. Preguntas sobre Armenia y varios datos personales. Si bien no había estado en la zona “prohibida” de Nagorno Karabaj, el sólo hecho de tener el sello de Armenia ya no les gustaba. Fue bueno que haya ido a Armenia sólo por 2 días. Pero el principal problema es que había sólo una persona que hablaba algo de inglés, y no había forma de entendernos. Finalmente, después de hacerse los duros, me dejaron pasar.

Después de caminar un poco y tratar de entender la oferta de transporte y analizar la posibilidad de hacer autostop, me subí a un colectivo grande que lo único que entendí es que salía 10 manats (moneda azerí) y que iba a Baku. No hubo forma de que me dijeran bien el horario de salida o llegada, ni siquiera a dónde paraba el bus. Intenté con señas, saqué un cuaderno y les dibujé varias cosas. Intenté todo, pero era muy cuadrados. Pagué los 10 manats y me senté a relajar, me esperaban 6 horas de viaje.

Finalmente llegué a Baku muy tarde. No tenía alojamiento (había visto un par en internet, pero creí que iba a tener tiempo para ir a visitarlos, verlos y elegir uno). El problema fue que la estación de colectivos estaba a 7 kilómetros del centro. No había wifi. Nadie hablaba inglés. Y eran cerca de las 11 de la noche.

Me subí a un taxi y al final me terminé bajando a los pocos metros porque no me aceptaba el precio que yo quería, y pretendía cobrarme más que el bus de 8 horas (finalmente fueron 8) desde la frontera. Estaba loco. Me bajé.

Me subí a un bus a preguntar, y el chofer no me entendía nada. Por suerte, un buen samaritano me ayudó. Me llevó a otro bus con él, y llamó a un amigo para preguntar precios de hostels. Por suerte hablaba bastante bien inglés. Había trabajado en varios eventos internacionales en la ciudad, y nos podíamos entender bastante.

Su amigo terminó siendo su primo, que se nos unió una vez que nos bajamos del bus. Yo estaba “en el aire”. Era casi la medianoche y no tenía alojamiento.

Como no consiguió nada, me ofreció ir a su casa. No tenía muchas opciones así que acepté.

Tomamos el metro (que me pagaron), y caminamos unas 15 cuadras hasta su pequeña casa. Con toda la generosidad del mundo (los que menos tienen son los que más ayudan), me dieron de comer y tomar. Yo no podía comer nada. La garganta me estaba matando.

Nos quedamos charlando hasta tarde. Se re preocuparon por mi dolor de garganta y todo. Hasta me dieron la única cama que había. Ellos tiraron un acolchado en el piso y durmieron juntos. No lo acepté, pero no hubo forma de que me dejaran dormir en el piso con ellos.

Si hubieran visto el departamento. Nunca había estado en un lugar tan chico. Era un monoambiente de 2 metros de ancho (el ancho de la única cama) por no más de 3 metros de largo. Y tenían un baño de medio metro por medio metro. Heladera, una cocinita, y hasta una mesa. Eran re humildes, y me invitaron a su casa igual. Cada día me sorprendía más de la generosidad de la gente, era increíble. Yo estaba emocionado, la verdad, al ver como me ofrecían de todo. Y no sabía cómo hacer para que no se enojaran.

A la mañana siguiente, busqué hostel y Roma (uno de los chicos) me acompañó hasta la puerta, camino a su trabajo. Un genio, voy a estar eternamente agradecido.

Me acomodé en el hostel, y salí a caminar. Elegí un hostel bueno para poder recuperarme del dolor de garganta y estar un poco más tranquilo. La primera impresión fue que la diferencia en el nivel de desarrollo e infraestructura con Georgia era notable: Azerbaiyán parecía mucho más desarrollado o al menos eso mostraba por fuera su capital, Baku.

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Los primeros dos días fueron de descanso y trabajo. No salí mucho, más que a comer y a tomar algo. Seguía mal de la garganta.

Apenas me recuperé y pude empezar a comer bien, fui a un buen restaurant a comer bien (fueron casi 10 días a puro yogurt).

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Diferentes tipos de yogurt, bebida con aloe vera y bicarbonato de sodio. Un poco de todo para curar la garganta.

Y aclaro que Baku no es caro como dice la mayoría. Los precios, o costos mejor dicho, de los países no son estáticos. No escuchen a la gente que estuvo hace años. Tampoco escuchen a los locales que lo comparan con sus ingresos en moneda local. Baku es accesible.

No es la ciudad más barata de la región. Pero tampoco la más cara. En un buen restaurant (top 3 según Tripadvisor) pagué 10 dólares la cena con postre, nada mal.

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Torta de postre, con todo!

Una de las cosas que más me impresionó por su lujo, fueron los cruces de calle subterráneos. Además de que se respetaban las normas de tránsito (a diferencia de Georgia), la mayoría de las avenidas tenían cruces subterráneos. Y qué cruces. Parecían un palacio. Todo de mármol. Todo impecable. Todo reluciente.

Azerbaiyán es la tierra del fuego, su nombre deriva de un significado similar, pero hoy en día podríamos decir que es la tierra del petróleo. El país tiene grandes reservas de petróleo e invierte constantemente el dinero en mejorar la ciudad, y volverla moderna. Al mejor estilo Dubai, pero en menor escala. Pero no todo es color de rosa. Hay mucha corrupción, gran concentración de poder, y una desigualdad enorme.

Uno camina un poco por fuera del centro de Baku, y ni hablar en otras regiones del país, y puede apreciar la realidad de un país, que ha construido una burbuja en su capital.

Una cosa que me llamó la atención fue que de noche había sólo hombres en la calle. Casi que no había ninguna mujer, y las pocas que se veían eran turistas. Los roles del hombre y la mujer estaban bien definidos (“bien” porque son claros, están lejos de mi manera de pensar).

La mujer se queda en la casa. Me pareció raro. Sobre todo para un país que se promociona como abierto al mundo y que reniega de su religión madre (Islam).

Uno de esos días, caminando por la calle, me encontré con mi amigo Roma. Me regaló un voucher para comer gratis en un restaurant que quedaba a la vuelta. Resultó ser un almuerzo ejecutivo increíble. No podía creer la casualidad. En una ciudad enorme, justo cruzarme con mi amigo.

Caminando, encontré la oficina de turismo y fui a preguntar un poco por los puntos de interés de la ciudad y de la región. Eran dos chicas, una no hablaba inglés, y la otra estaba entregada, no paraba de sonreír. Se ve que le gustaban los extranjeros.

Estuve ahí un rato, junté un par de mapas, muchas indicaciones, y salí a caminar por la costanera. Todo estaba en plena preparación para la carrera de F1.

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La ciudad vive de mostrarse en los grandes eventos. Es increíble el esfuerzo que hacen para aparecer en el mapa. Nadie conoce a Azerbaiyán y menos a Baku, pero de a poco lo están haciendo conocido. Empezaron con el Eurovisión en el 2012. Después siguieron los European Games en el 2015. Y en ese momento era la primera carrera de F1, evento que esperaban que internacionalizara mucho más a la ciudad.

Caminé por la costanera, bajo un sol ardiente, todo bordeando la costa del Mar Caspio. Mar que dicen que está bastante contaminado en esa zona por las exploraciones para buscar petroleo. Llegué hasta el final y no podía más. Tendría que haber alquilado una bici, pero seguí caminando.

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Volví al hostel, busqué las cosas y me encontré con Alex, un chico de Ucrania que trabajaba en Baku y que me iba a alojar los siguientes días en su departamento. Fue la primera vez que usé la plataforma de Couchsurfing por mi cuenta, pero no la primera vez que me alojaba con extraños.

Alex era un personaje. Teníamos muchos intereses en común, así que la charla se daba de manera natural. Hablamos de todo un poco. Viajes, trabajo, diferencias culturales, chicas, básquet, fútbol, etc., etc.

Entré al departamento, y casi me mata porque no me di cuenta, entré directamente al living y pisé la alfombra con mis zapatillas. No me di cuenta que había que sacarse el calzado en la entrada. Casi me mata. Aprendí que en casi todas las casas soviéticas había que sacarse el calzado antes de entrar. En realidad, si uno lo piensa, es mucho más higiénico todo. Si alguna vez tengo una casa, me gustaría tener esta regla.

A la mañana siguiente, lo acompañé a su trabajo, y en el camino pude intercambiar unas palabras con sus compañeros de trabajo azeríes. Para mí fue muy interesante que ellos remarcaban que Georgia era el país más organizado de la región, y que ellos estaban muy mal. Al menos desde afuera se veía lo contrario, aunque después entendí a los que se referían.

Georgia estaba desorganizado en lo externo, en lo que se podía ver, como por ejemplo el tráfico. Pero tenía reglas claras y estaba progresando a pasos agigantados. Azerbaiyán estaba organizado en lo externo, todo limpio y ordenado por fuera. Pero por dentro, escondía muchísima corrupción y pobreza.

En ambos países había que ver un poco más allá de lo externo, un poco más allá de la superficie para poder llegar a la “verdad”. Y no hay mejor manera que interactuando con los locales y haciéndoles muchas preguntas.

Ese día fui a visitar los lugares que me habían recomendado en la oficina de turismo. Hice todo caminando para poder ver un poco más de la ciudad. Una cosa que me llamó la atención era que había mariposas por todos lados. Me habían hablado tanto de la superficialidad del lugar que llegué a pensar que eran artificiales. Otro cosa que me sorprendió fue que hasta en las rutas paraban los autos a darme paso para que cruzara como peatón. Muy respetuosos de las normas de tránsito, sobre todo si se lo comparaba con Georgia, que parecía una jungla.

El primer edificio que fui a visitar era el Heydar Aliyev Center. Era increíble. Y el parque que lo rodeaba también. Me parecía increíble que hicieran de las construcciones una atracción en sí misma. Un edificio es mucho más interesante cuando es distinto, cuando es loco y original. Se convierte en una atracción para visitar, más allá de lo que haya adentro. En el caso de un museo, por ejemplo, se convierte en una atracción para un público más amplio que sólo el cultural.

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El parque era espectacular. La ciudad, en general, estaba llena de espacios verdes, flores y mucho sol. Demasiado sol. le faltaba sombra. Pero calculo que es porque es una ciudad nueva, y los árboles están creciendo.

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Los autos respetaban más que en Europa. Era increíble, un espectáculo para cruzar la calle. Una enorme diferencia con Georgia donde cruzar era toda una aventura.

Seguí caminando y en un momento entré a respirar aire acondicionado a un shopping. Me estaba muriendo de calor afuera, estaba todo mojado en transpiración. El sol en Baku era muy fuerte y, de nuevo, no había sombra. Usé el baño, comí algo, y seguí caminando.

Fui caminando por una zona menos maquillada de la ciudad.  Más Georgia style. Más auténtica.

Era increíble. En todos lados maquillan las cosas para los turistas, pero en Baku lo hacían muy bien. Y con más detalle lo hacían, ya que se acercaba un mega evento como la primera carrera de F1 en la ciudad. La oportunidad para vender la ciudad al mundo. Todo artificial, más que de costumbre.

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Pero no se puede cubrir todo, caminando unas pocas cuadras, alejándose del centro, se podía ver el verdadero Baku, el verdadero Azerbaiyán.

Más tarde me junté con Agustín, mi compañero de viajes en ese entonces en el centro de la ciudad. Él se había quedado unos días más en Armenia y como yo ya me había cansado de estar parado en Tbilisi (Georgia), había decidido ir a Azerbaiyán por mi cuenta y esperarlo ahí.

Mientras estábamos comiendo un pancho, conocimos un azerí que era un personaje. Hablaba muy bien inglés y no paraba de darnos charla. Me ayudó a comprar una sim card, y se quedó con nosotros. Después de un rato de charla, Agus se fue al hostel en el que se estaba quedando. Y con el azerí fuimos a un restaurant para juntarnos con la chica de Ucrania y su novio sudafricano que habíamos conocido en Batumi, y con un inglés loco que estaba con ellos. Más tarde se sumó mi host, también ucraniano.

Batumi, una ciudad que desborda potencial

Comimos algo, tomamos algo, caminamos un rato, y a dormir. Fue una reunión muy internacional y muy interesante. Como siempre, típicas charlas de hostel. De todo un poco. Política y economía internacional, viajes, diferencias culturales, etc., etc.

Al día siguiente nos levantamos temprano para ir a Gobustan con el inglés y la pareja Ucrania-Sudáfrica. Pasamos todo el día ahí.

 

Después de haber visitado Gobustan y de pasar 3 días concentrados en el evento de la F1, decidimos seguir nuestro camino hacia Irán. Pero antes dejamos un día libre para relajar y terminar de conocer un poco más Baku. Yo aproveché para trabajar un poco, y lo más destacado que hicimos fue subir unas escalera interminables, cerca de las famosas Flame Towers (quizás el ícono de la ciudad, pero que como mi celular no saca buenas fotos de noche, no se las puedo mostrar bien, lo van a tener que googlear), para tener una vista panorámica nocturna de la ciudad.

 

Mi espíritu emprendedor y mis ganas de conocer de mundo me llevaron a dejar atrás la vida de oficina y perseguir el sueño de convertirme en nómada digital. Siempre estoy buscando nuevas oportunidades, no me puedo quedar quieto.

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