Explorando el Kurdistán iraní | Viajando con Fran

Explorando el Kurdistán iraní

Nos levantamos en Sanandaj en la casa de nuestro amigo Saman y desayunamos en las alfombras persas hechas a mano por la madre. Saman nos había invitado a comer y dormir en su casa el día anterior. Sin conocernos. Todo esto fue después de que nosotros entráramos al ciber donde trabajaba en busca de un lugar donde refugiarnos del sol y dejar las mochilas. La hospitalidad de su familia fue increíble, pero nosotros teníamos que seguir viaje.

Antes de partir la madre se aseguró de llenarnos las panzas de comida y de darnos aún más comida para que lleváramos. Ya no sabíamos cómo agradecer. Se pasaron con todo lo que hicieron por nosotros.

La hospitalidad de los kurdos en primera persona

Finalmente nos despedimos de la familia y fuimos con Saman hasta la terminal de buses. Nos llevó en un taxi (que no nos dejó pagar) y después de discutir un rato, terminó entendiendo que queríamos hacer autostop y que no queríamos pagar un bus.

Caminamos un poco para alejarnos de los taxistas insistentes y en 5 minutos paró un auto que nos llevó 3 km hasta la salida para la localidad de Marivan. Cruzamos la ruta y en menos de 1 minuto paró un auto que nos llevó directo hasta Marivan. Era un señor kurdo que no hablaba ni una palabra de inglés, que tenía un hermano viviendo en Portland (Estados Unidos) y uno de Alemania (o al menos eso entendimos) y que no respetaba ramadan e incluso no le gustaba el islam.

Era un camino de montaña, por momento similar a mis queridas Sierras de Córdoba. Eran curvas, curvas y más curvas. Todo el trayecto escuchando música kurda, como correspondía.

En el medio del camino nos invitó a tomar té (çay) en un lugar al costado de la ruta. Terminamos sobre unas alfombras persas rodeados de hombres que nos miraban como si fuéramos de otro planeta. Al frente nuestro estaban comiendo algo muy rico y como el señor nos vio mirando con cara de hambrientos nos preguntó si queríamos comida. No nos daba la cara, así que le dijimos que no.

Tomamos el çay y seguimos viaje. A los 2 minutos, el señor paró a comprar cerezas en un puesto al costado de la ruta. En menos de 10 minutos nos comimos todo, estaban bárbaras. Finalmente llegamos a Marivan, a solo 15 km de la frontera con Irak.

kurdistan irani

Esta imagen muestra la paz y tranquilidad del lugar. Y no era el único. Nos cruzamos varios hombres durmiendo la siesta en estos carritos.

Entramos a comer a un lugar y salieron todos a atendernos. Nos querían cobrar de más, pero nosotros nos dimos cuenta. Nos sentamos a comer y un señor iraquí, que era un personaje muy particular, nos ayudó traduciendo.

Al final nos cobraron todo como extra. No le cerraba ninguna cuenta, pero no teníamos muchas opciones. Para colmo el señor decía que yo no le había pagado. Yo no estaba 100% seguro, pero casi. No le quise pagar y empezó a gritarme y amenazarme. Obviamente que no entendíamos nada, pero su cara lo decía todo. No estaba jugando.

Como la situación se estaba poniendo demasiado tensa, finalmente le pagué (probablemente de nuevo, no sería el primer turista estafado de esta manera). Para colmo después del incidente no quería que le dejemos las mochilas que había aceptado guardar unos minutos antes. Cuando se calmó un poco dijo que aceptaba guardar las de los chicos pero no la mía.

Seguía complicada la situación hasta que un nene que trabajaba ahí (que era el único que hablaba algunas palabras de inglés y con quien habíamos estado conversando amablemente uno minutos antes) lo calmó y finalmente aceptó guardar todas las mochilas.

Después del pequeño incidente, salimos a explorar un poco la ciudad.

Caminando por la calle nos cruzamos con varios mercados de telas muy vistosas. Muy coloridas.

Después nos cruzamos con un grupo de señores con vestimenta kurda que nos invitaron a sentarnos con ellos y sacarnos fotos. No había lenguaje en común y nosotros no nos animábamos a sacarles fotos, no los queríamos molestar, pero fueron ellos los que nos invitaron a unirnos y los que sugirieron las fotos. Después de todo, éramos los únicos extranjeros en toda la ciudad y para ellos más que extranjeros parecíamos extraterrestres.

kurdistan irani

Justo el día que voy a pueblo más kurdo de Irán, me pongo los pantalones rosas (y medias naranjas).

Yo tenía solo 2 pantalones en la mochila con la que viajaba. Un jean azul que usaba el 90% de los días y un pantalón finito de color rojo/rosa. Justo ese día, justo el día que fui a explorar Kurdistán, donde todos los hombres usan pantalones típicos, yo tenía un pantalón finito y rosa. Como para que no me miraran raro. Igualmente no me afectó. Bastante abiertos los muchachos.

Ellos no podían creer que fuéramos de Argentina. Cuando Anita dijo que era española no se sorprendieron tanto, pero cuando Agus y yo dijimos que éramos argentinos, no lo podían creer.

Cuando nos fuimos nos indicaron que subiéramos unas escaleras donde había otro grupo de señores.

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Este grupito de señores parecía el grupo cool del barrio.

Fue una experiencia increíble. Subiendo las escaleras, aparecimos en un barrio muy humilde lleno de niños en la calle y nos pusimos a jugar con ellos.

Saludábamos a todos los que nos cruzábamos pero no podíamos hablar mucho con ellos. Le hablábamos mediante sonrisas. 

Después de un rato de jugar con los chicos y de apreciar una vista panorámica de la ciudad, volvimos a bajar a la calle principal. Nos cruzamos a los hombres que estaban reunidos en la vereda nuevamente y seguían viéndonos como si fuéramos de otro planeta, pero siempre muy amables.

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Fuimos a buscar las mochilas al restaurant y emprendimos viaje hacia el lago que estaba cerca. No llegábamos caminando porque eran unos cuantos kilómetros, así que salimos a la ruta de nuevo a hacer autostop. En el camino un señor nos regaló unas cerezas muy ricas sin mucha explicación. Las aceptamos.

En menos de 1 minutos frenó un auto y nos llevó. Pero antes de dejarnos en el lugar, los chicos que iban en el auto dieron una vuelta más grande para mostrarnos una vista panorámica del lago desde la ruta y después nos dejaron en la orilla donde planeábamos dormir.

Era un lugar donde había mucha gente de picnic, muchos cocinando en sus parrillitas.

No teníamos nada para comer y el olorcito de las parrillas nos estaba matando. Solo teníamos pan y queso. Como nadie nos invitaba, empezamos a comer para después irnos a dormir.

Hasta que se acercó una chiquita de unos 9 años y nos trajo un poco de comida.

Ese fue el inicio de una historia increíble.

Historias de hospitalidad kurda: Parte I

Mi espíritu emprendedor y mis ganas de conocer de mundo me llevaron a dejar atrás la vida de oficina y perseguir el sueño de convertirme en nómada digital. Siempre estoy buscando nuevas oportunidades, no me puedo quedar quieto.

2 Responses to Explorando el Kurdistán iraní

  1. Agustín 1 enero, 2017 at 4:31 am #

    El inició de una historia increíble??… Subí el post que sigue, dale!!!!

    • Francisco Ortiz 1 enero, 2017 at 11:08 am #

      pará pichón, no puedo subir un post por día jaja los miércoles salen los que son crónicas de viaje, además vos lo viviste ya sabés la historia jaja

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